top of page

RESPUESTAS EN LA ESPIRITUALIDAD: LIBRE ALBEDRÍO, RESPONSABILIDAD Y CAMINO INTERIOR

  • Valentina Montoya Londoño | Ousia
  • 1 dic 2025
  • 5 Min. de lectura


Cuando la espiritualidad no trae las respuestas que esperabas


Muchos entramos en el camino espiritual buscando respuestas, y mientras más sólidas y contundentes, mejor. A medida que vamos aprendiendo cosas o herramientas, creemos que estamos mucho más cerca de aquellas respuestas que tanto anhelamos.

Pero la realidad suele ser otra: mientras más aprendes y más te metes en el mundo espiritual, más dudas te pueden surgir y más confundida/o puedes sentirte. En conclusión, parece que estás obteniendo lo contrario a lo que buscabas. Y el problema es que muchas veces nadie te explica por qué.


Hoy esta entrada está dedicada a eso: a explicarte por qué, aunque tengas mucho conocimiento del mundo espiritual, de guías, maestros, ángeles, etc., puedes seguir sintiéndote supremamente confundida/o.


La clave está en el libre albedrío.



Libre albedrío y responsabilidad espiritual: qué es realmente


Son dos palabras que escuchamos durante nuestra vida con relativa frecuencia y que, en mi opinión, casi nunca nos explican muy bien.


El libre albedrío es la capacidad de ser autónomos: de tomar nuestras decisiones, de elegir nuestro camino y los pasos que vamos recorriendo.


En teoría suena muy bonito, casi poético. Pero cada decisión que tomes, cada camino que elijas o rechaces, viene con consecuencias y también con ventajas (o como lo quieras llamar). Y estas tenemos que asumirlas y hacernos responsables.



El miedo a la responsabilidad


El problema es que le tenemos pánico a la responsabilidad: a tener que hacernos cargo de las cosas que salen mal o no salen como queríamos, a tener que dar la cara, incluso cuando nuestras decisiones afectan a otras personas.


Es posible que esto venga de nuestro niño interior herido: esa parte nuestra que se siente incapaz de tomar decisiones, marcada por heridas de abandono, rechazo, traición, humillación… Pero ese tema lo podemos profundizar en otra ocasión.


Volvamos a la responsabilidad.


Tenemos mucho miedo a enfrentar las consecuencias de nuestras decisiones y de nuestros actos. Preferimos que alguien más sea quien cargue con esa responsabilidad y, por eso, suele ser más fácil culpar a otros de nuestros fracasos que mirarnos a nosotros mismos.

“Es que me va mal en el colegio porque no quiero estudiar ahí.”
“En la universidad me va mal porque estudié la carrera que querían mis padres y no la que yo quería.”
“Es que mi pareja me dijo que hiciera o no hiciera X cosa.”

Pero, en realidad, al final del día, por más que culpes a otra persona, la responsabilidad sigue siendo tuya, aunque no la veas. Conocerla y aceptarla te hace dar un salto cuántico increíble, porque ahí demuestras crecimiento personal.



De víctima a protagonista de tu historia


Cuando nos hacemos responsables de nuestras decisiones, nos colocamos como protagonistas de nuestra propia historia, y dejamos de quedarnos en el papel secundario que solo culpa al protagonista.


Esto nos ayuda a entender muchos más matices de nuestras decisiones y cómo pueden afectarnos a nosotros mismos y a otros en el futuro. Nos lleva a ser más sabios y a pensar antes de actuar, en lugar de seguir únicamente impulsos que a veces no son los más adecuados.


El poder “dar la cara” también nos da poder sobre nuestro futuro: nos pone al mando de nuestra vida, porque aceptamos que las decisiones las estamos tomando nosotros, y no que alguien más las toma por nosotros. Y aquí es donde realmente podemos empezar a cocrear la vida que queremos.


Esa responsabilidad te da fuerza y seguridad en ti misma/o (a veces de una forma que no creías que tenías dentro de ti) para afrontar todo lo que la vida te arroje. Te convierte en esa clase de personas que admiras, que miras de lejos y muchas veces te preguntas: “¿Cómo lo hacen?”.


Quiero que tengas presente también que ese miedo a ser responsable y a enfrentar consecuencias es normal. Todos lo sentimos. Pero la diferencia está en actuar o quedarse paralizado pensando en las consecuencias de decisiones que ni siquiera has tomado.

No catastrofiquemos ni nos vayamos siempre al peor escenario posible, porque la probabilidad de que eso ocurra suele ser muy baja.



Las decisiones casi nunca son definitivas


Además, rara vez las decisiones que tomamos son definitivas en el sentido de que no puedan deshacerse y tengamos que vivir con ellas toda la vida. La gran mayoría se pueden modificar en el camino a medida que avanzamos.

  • Si escogiste una carrera universitaria y luego sientes que no es para ti, puedes cambiarla. Es posible que te tome más tiempo terminar, sí, pero ¿no es mejor estudiar algo que te gusta que algo que no disfrutas durante toda tu vida?

  • Si compras ropa y al llegar a casa no te gusta o no te queda bien, puedes cambiarla, regalarla a un familiar o amigo, o donarla a personas que la necesiten.

  • Si aceptas un trabajo del cual no estás muy segura/o, es posible que, al estar allí, surjan dudas, quieras renunciar y buscar otro lugar. ¿Y adivina qué? También puedes hacerlo. Hay muchos trabajos allá afuera, incluso algunos más alineados con tus gustos y preferencias. Está en ti elegirlos o quedarte donde estás.


Siempre quedará contigo la satisfacción de haberlo intentado, de haber actuado y no haberte quedado en el “¿qué hubiera pasado si…?”. El “hubiera” no existe.

Si actúas y no funciona, por lo menos tendrás un camino descartado y, con eso, menos opciones de equivocarte en el futuro.



Hacer espacio para lo nuevo en tu vida


Mientras más rápido hagas espacio para aquello que deseas, más rápido puede llegar.

Por ejemplo: imagina que tienes un parqueadero y allí está tu carro actual, uno que no te gusta, que es viejo y necesita reparaciones. Aunque no lo quieras, está ocupando el parqueadero.


Si tú tienes claro qué carro quieres, de qué color, de qué marca, etc., puedes ir a buscarlo. Pero, aunque logres conseguirlo, no tendrás dónde guardarlo, porque el carro viejo sigue ocupando el mismo lugar donde podrías poner el carro nuevo.


Así que piénsalo:¿Cómo puedes darle espacio a aquello que quieres en tu vida?¿Qué necesitas dejar ir para que llegue algo mejor?


Y si en algún momento sientes que necesitas compañía en ese proceso, recuerda que también hay herramientas que pueden apoyarte: tu diario o prácticas de journaling para poner en palabras lo que sientes; los ebooks y guías que vamos creando (como lecturas de numerología para el año, rituales para portales energéticos o materiales para profundizar en tu mundo interior); las lecturas psíquicas personalizadas y otros espacios de conexión espiritual que iremos abriendo.


No son respuestas mágicas ni soluciones instantáneas, pero sí faros que pueden acompañarte mientras vuelves a elegirte y a caminar tu camino con más conciencia.




Preguntas para journaling 🕊️✨

Puedes tomar tu diario y escribir, sin filtros ni juicios, lo que vaya saliendo con cada una:

  1. ¿En qué áreas de mi vida siento que he entregado mi poder de decisión a otros (familia, pareja, trabajo, “lo que se espera de mí”)?

  2. ¿Qué decisión he venido postergando por miedo a equivocarme o a asumir las consecuencias? ¿Qué es lo peor que creo que podría pasar… y qué es lo mejor que podría pasar?

  3. Si me colocara como protagonista de mi propia historia, ¿qué pequeño paso podría dar esta semana para acercarme a la vida que realmente quiero?

  4. ¿Qué “carro viejo” (situación, relación, hábito, creencia) está ocupando hoy el espacio de algo nuevo que deseo? ¿Qué estoy lista/o para empezar a soltar?

  5. ¿Qué herramientas siento que me acompañan mejor en este momento: journaling, rituales, ebooks, lecturas psíquicas, espacios de meditación…? ¿Cómo puedo integrarlas de forma amorosa en mi rutina?

 
 
 

Comentarios


bottom of page